Demografía, por Jorge Armando Ibarra Ricalde | Cuento

Demografía, por Jorge Armando Ibarra Ricalde | Cuento

El dolor era insoportable, pero igual no había gritos ni súplicas.  Esto terminaba hoy, para bien o para mal.

            No era extremismo, era necesidad. Si hoy perdía la batalla, perdería más… aún si de hecho ya había perdido todo. Primero fue su esposa. Aunque su memoria ya no le permitía recordar cómo, estaba seguro que ella fue la primera en caer. Fue algo sutil. El veneno estaba dentro de ella mucho antes de conocerla y se mantuvo ahí, lento pero silencioso, atrofiando uno a uno sus sentidos, adormeciendo sus emociones, aplastando sus sueños. Desde luego que no ayudó descuidarla: la falta de romance, la insuficiencia de atención, todas se sumaron a que el veneno actuara, pero al final, ese permiso por maternidad al que le seguiría la vida de casa, sería la gota que derramaría el vaso;  su esposa, esa joven vibrante, la mujer de la que se enamoró, la divinidad que le daría hijos, dejó de ser suya.

            El siguiente fue su niño, su orgullo, su legado al mundo. Es difícil saber si nació enfermo, o si enfermó después, lo cierto es que apenas pudo sostener su cabeza, él mostró los mismos síntomas que la madre, lapsos cada vez más largos de extravío mental, atrofia emocional y la omnipresente irritación ocular. Si hay algún consuelo, es que el niño no sufrió, es más, se le veía divertido aún si inerte, moviendo la cabeza izquierda derecha, una sonrisa y un aplauso, una especie de demencia entretenida, aunque no menos desagarradora pues así perdió el padre a su varón.

La niña fue la más resistente, nacida durante la etapa terminal de la madre y con su hermano completamente dominado por la enfermedad, ella creció relativamente segura, lejos de la fuente de tanta adversidad. Manteniendo su seguridad gracias a no pertenecer a la misma demografía de su hermano, pues la enfermedad omnipotente y omnipresente, es discriminatoria, limitada. Así que luchó, perdiendo madre y hermano en el proceso, evitando la enfermedad por todos los medios posibles hasta que esta se escurrió dentro de ella por los oídos, obligándola a enfermarse por los ojos. Al final no fueron las hormonas, sino la moda. Igual, ella también cayó.

            ¿Pero qué se puede decir del padre? De todos desde siempre el más vulnerable, en muchos sentidos el paciente cero, enfermo desde el principio, padeciendo crónicamente los lapsos de la enfermedad, año con año, alternando entre la fiebre local y la cepa europea, empeorando cada cuatro años, solo sobreviviendo por las inconmensurables deudas que supone la soltería, la boda, el parto, la familia y un segundo parto. Un círculo interminable de erogaciones que muy a su pesar lo mantienen sano, pero que no evitan que el resto de su adorada familia sea devorada por la más letal enfermedad.

            Y en ese momento, justo al final del camino; vino la claridad. El enemigo era obvio. Con los músculos atrofiados, la mente apagada y la voluntad casi quebrada, le hizo frente. Valiente, el padre ahogó los gritos que querían salir de él. Sin fuerza alargó su brazo buscando con el dedo apuñalar la vida del enemigo; por su esposa se escurrió a pesar de la gravedad que lo mantenía pegado al sillón, por su hijo se retorció mientras alcanzaba el arma de la que dependía su liberación.

            En ese instante el enemigo fue atronador, un grito colectivo que lo obligaba a ceder su voluntad. Un deseo profundo y retorcido en el que quería perderse, porque si algo tiene la enfermedad es que todas sus otras víctimas saben cuando otro no es uno de ellos. Por su hija, por su niña que luchó valientemente levantó el arma ¡y con toda su fuerza comandó remotamente a su enemigo a ceder!

            ¡Un milagro como ninguno! La televisión se apagó, liberando a su familia y a sí mismo de aquel terrible sopor, uno a uno hijo, hija y esposa despertaron listos para vivir, más entonces nuevamente se escuchó el atronador rumor, y aunque el padre maldijo haberse perdido el gol, supo que más tarde, habría repetición.


Escritor, cronista, máster profesional e investigador de juegos de rol así como diseñador de procesos lúdicos, especializado en la transmisión cultural directa a través de la oralidad.

La mayor parte de su trabajo se enfoca en explotar los sesgos narrativos para producir inmersión e intercambio de experiencias como un frente para defender el ocio, mientras se aprovechan los componentes intrínsecos a la construcción narrativa para generar experiencias transformadoras sea mediante el storytelling o la literatura ergódica.